|
Escrito por Sr. Jesús García
|
A 150 años de la fundación de la “Sociedad de San Francisco de Sales”, nombre oficial de la congregación fundada por san Juan Bosco, los Salesianos, tratando se ser fieles al carisma inspirado por Dios al santo de los Jóvenes trabajan en prácticamente todo el mundo al servicio de los jóvenes, de su mundo y de sus inquietudes y anhelos. El día de hoy los SDB (Salesianos de Don Bosco), como son mejor conocidos, se encuentran presentes en casi 130 países, organizados en casi 95 circunscripciones en todos los continentes. El número de casas salesianas es aproximadamente de 1850 en las que operan los alrededor de 16,000 salesianos, de los cuales más de 10,000 sacerdotes, 2,000 socios laicos y cerca de 2,800 seminaristas. Una de las convicciones y sentimientos promovidos siempre por Don Bosco entre sus muchachos y entre sus salesianos fue el amor y fidelidad al Papa y a la Iglesia, una actitud manifestada principalmente a través del compromiso misionero. Ya en los primeros años de vida de la Congregación Salesiana, Don Bosco envió a los primeros misioneros salesianos a América, y tras aquella primera expedición han venido detrás otros miles de misioneros que partieron a todos los rincones del mundo en otras 139 expediciones misioneras. Otra expresión de amor y fidelidad al sucesor de san Pedro ha sido la aceptación de responsabilidades en la Iglesia, sobre todo en sitios apartados y necesitados de pastor. Actualmente alrededor de 120 salesianos sirven como obispos en diversos lugares. Don Bosco al fundar a los Salesianos puso la primera piedra también de una obra aún más grande, una familia espiritual: La Familia Salesiana. Y es que tras los Salesianos vinieron después las fundaciones de las Hijas de María Auxiliadora (Salesianas), de la Asociación de Salesianos Cooperadores, los Exalumnos, la Asociación de Devotos de María Auxiliadora y, luego, otros muchos más entre los cuales hay institutos seculares, congregaciones religiosas tanto masculinas como femeninas y numerosas asociaciones de fieles hasta llegar a los actuales 27 grupos oficialmente pertenecientes a la Familia Salesiana.  México recibió a los hijos de Don Bosco a finales de 1892, eran 5, sus nombres: los sacerdotes Angel Piccono, Rafael Piperni y Simon Visintainer; el salesiano coadjutor (laico) Pedro Tagliaferri, y el clérigo Agustín Osella. En nuestro país los Salesianos trabajan principalmente en colegios, oratorios y centros juveniles, atendiendo también algunas parroquias y templos, sin dejar de mencionar la significativa presencia misionera en la Prelatura Mixe, en Oaxaca. Los estados en los que actualmente trabajan los hijos de Don Bosco en la República Mexicana son: Baja California Norte, Sonora, Chihuahua, Sinaloa, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, San Luis Potosí, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Colima, Querétaro, Estado de México, Puebla, Tlaxcala, Oaxaca, Chiapas, Yucatán, además del Distrito Federal, para un total de 50 pertenecientes a dos circunscripciones (inspectorías) distintas: México Norte con sede en Guadalajara, y México Sur con sede en la capital del país. Entre ambas suman a más de 350 religiosos salesianos, entre sacerdotes, coadjutores y seminaristas, además de 2 obispos: Mons. Luis Felipe Gallardo Martín del Campo, obispo de Veracruz, y Mons. Héctor Guerrero Córdova, obispo prelado de Mixes. Un dato interesante acerca de la Congregación Salesiana y México es que el actual Rector Mayor, el IX sucesor de Don Bosco es el P. Pascual Chávez, salesiano mexicano. |
|
|
Escrito por P. Alejandro Zepeda
|
 El primer crecimiento se da con la multiplicación de los Oratorios atendidos directamente por Don Bosco, quien inició con el Oratorio de San Francisco de Sales en su etapa de asentamiento y consolidación a partir de 1846, posteriormente en 1847 funda un nuevo Oratorio junto a la estación ferroviaria de Porta Nova dedicado a San Luis Gonzaga y el año de 1849 se le confía el ya existente de Vanchilia dedicado al Santo Ángel Custodio. El arzobispo de Turín Mons. Luis Fransoni le concederá la dirección con espíritu propio de estos tres Oratorios con un decreto firmado en 1852. Esto permitió a Don Bosco pensar seriamente en una fundación propia para la atención de los Oratorios. Ya fundada la congregación, un segundo signo de crecimiento es la apertura de nuevas obras dentro y fuera de Turín, en algunas diócesis del Piamonte, con el fin de dar un aporte a la difícil situación del cierre de seminarios y la nueva política educativa del Estado Liberal; serían entonces colegios y hospicios con la función también de seminarios menores. Una primer experiencia que fue más bien pasajera se realizó en Giaveno (1860); posteriormente la primer Obra considerada como tal fue Mirabello en 1863 y a ésta le siguió Lanzo en 1864. Estas dos fueron las Obras pioneras para la fundación de nuevas presencias y la expansión de la Congregación orientada hacia la enseñanza, dando preferencia al internado, para favorecer la integralidad de la formación y conservar la fisonomía de Casa para la juventud pobre y abandonada. Con la solicitud, y al mismo tiempo la petición de aprobación de la Pía Sociedad por algunos obispos, el 23 de julio de 1864 la Sagrada Congregación de Obispos y Religiosos proclamaba el “Decretum Laudis”, que acreditaba la existencia y espíritu de la nueva Sociedad; posteriormente llegaría la aprobación oficial y definitiva con el decreto pontificio el 1 de marzo de 1869. Las Constituciones serán aprobadas definitivamente el 13 de abril de 1874. En 1872 se inicia una nueva etapa: atender y llegar también al ámbito femenino con los mismos propósitos y el mismo espíritu con que ya se hacía entre los varones. Se da entonces la fundación del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora con María Dominga Mazzarello (hoy santa) a la cabeza. Posteriormente se dará mayor fuerza al espíritu y al carisma en la misión con la fundación de la Pía Unión de Salesianos Cooperadores en 1876, donde laicos que gustan del carisma se unen apostólicamente a la salvación de los jóvenes. En el año 1875 un nuevo acontecimiento de gracia permite no sólo la expansión por Europa, sino que se inicia el capítulo de la labor misionera, especialmente en América, con el fin de llegar a más y más jóvenes del mundo entero. A la muerte de Don Bosco habrá 57 casas en 6 inspectorías, con 773 salesianos. Miguel Rúa (hoy beato) es el primer sucesor (1888 a 1910) y con él se dará un gran impulso de crecimiento y labor misionera. La Congregación pasará a tener a su muerte 345 casas en 34 inspectorías y con 4,000 salesianos. No fue sólo el contexto político, religioso y social lo que favoreció este crecimiento sino también su gran ascendiente moral y religioso. En esta etapa se dan los primeros pasos en otras partes del mundo además de Europa y América. A Pablo Álbera, segundo sucesor (1910 a 1921) le tocaron momentos muy difíciles con la I Guerra Mundial, lo cual trajo consigo una contracción que fue superada al término de las hostilidades. Se abrieron presencias en Hungría, Alemania, Centroamérica y Cuba. Felipe Rinaldi (Beato), tercer sucesor (1922 a 1931) tuvo una grande oportunidad de expansión llegando a abrirse en este periodo más de 250 nuevas casas, pasando los salesianos de 6,000 a 10,000. A Don Pedro Ricaldone, cuarto sucesor (1932 a 1951) le tocó dar estabilidad a las estructuras bajo el triste y tormentoso periodo de la II Guerra Mundial. Posteriormente Don Renato Ziggiotti (Rector de 1952 a 1965) emprendió grandes viajes de animación entre los cuales estuvo México. Al final de su rectorado los salesianos llegaron a ser más de 20,000. Don Luis Ricceri tuvo un rectorado difícil (de 1965 a 1977) por las consecuencias del choque ideológico del mundo contemporáneo, que trajo consigo una considerable disminución numérica del personal salesiano, no así de las casas que en realidad fueron pocas la afectadas por el cierre, ya que se buscó la manera de conservar las presencias, por el bien que se estaba haciendo. Don Egidio Viganó (de 1977 a 1995) inició el proyecto África que vino a consolidar la presencia que ya había y a concretar nuevas presencias en este Continente. Con la caída del muro de Berlín también impulsó el reconocimiento y apertura de las presencias que hoy trabajan en la Europa del Este. Don Juan E. Vecchi (de 1996 a 2002) afrontó y promovió un fuerte impulso de definición de la pastoral juvenil salesiana. Bajo el rectorado actual, el de Don Pascual Chávez, sucesor de Don Bosco desde 2002, a pesar de la disminución numérica, la fundación de nuevas presencias no ha parado. La congregación se ha lanzado en estos últimos años con gran esperanza hacia la renovación espiritual y el lanzamiento de nuevos proyectos y modalidades de presencia al servicio de los jóvenes. v |
|
|
Escrito por P. Felipe Carranza
|
|
En el ambiente cristiano de una familia humilde y pobre, en I Becchi, un pequeño poblado del Piamonte italiano, nació Juanito Bosco el 15 de agosto de 1815, hijo de Francisco Luis Bosco y Margarita Occhiena, modestos campesinos que ganaban sobria y honradamente el pan de cada día. Dos hermanos mayores, Antonio y José Luis y la abuela paterna, Margarita Zucca, integraban también esta familia.
Dice el mismo Don Bosco: “el primer hecho del que guardo memoria fue la muerte mi padre, el 11 de mayo de 1817, y las palabras llenas de dolor que me dirigía mi madre: ¡pobre hijo mío, ya no tienes padre”. La orfandad paterna y la pobreza fue la primera experiencia de su vida, pero acompañado, guiado y formado siempre por una madre cariñosa y dedicada por entero a ellos. Ella supo integrar en la educación de sus hijos, la mano dura y el rostro amable. Juanito siempre sintió el apoyo y cariño de su madre. Cuando tenía nueve años, Juan tuvo un sueño que quedó profundamente grabado en su mente y en su corazón, en él se le indicó su futuro vocacional: lo que ocurrió en la escena de los animales feroces transformados en corderos, él tendría que hacerlo con los muchachos difíciles, pobres y abandonados y hacer de ellos buenos cristianos y honrados ciudadanos. Con muchas dificultades y carencias económicas logra entrar a las escuelas públicas de Castelnuovo y después de Chieri. Finalmente aconsejado por el sacerdote Comollo decide entrar al seminario de San Felipe en Chieri y el 5 de Junio de 1841 recibe de manos del arzobispo Luis Fransoni, la ordenación sacerdotal. Los primeros tres años de su sacerdocio los pasó en el “Convitto Eclesiástico” -un centro de formación para sacerdotes- en la ciudad de Turín, bajo la guía y dirección espiritual de san José Cafasso. Ahí aprendió a ser sacerdote y tuvo sus primeras experiencias pastorales en las cárceles de la ciudad atendiendo amigablemente a los muchachos que estaban expuestos a todo tipo de peligros; físicos, morales y espirituales. Ahí descubre que su verdadera y eficaz labor pastoral no se encontraba en las prisiones sino fuera de ellas ocupándose en evitar que los muchachos cayeran en ellas.
Es así como en el otoño de 1846 se establece en el barrio de Valdocco y comienza la obra del Oratorio, encomendado al patrocinio de san Francisco de Sales. Ahí recibe a niños y adolescentes los domingos y días festivos, para instruirlos en la fe, educarlos y entretenerlos sanamente. Posteriormente recibirá en su casa a los muchachos huérfanos que carecían de todo. También él como Jesús, constató que la mies es mucha y los trabajadores pocos, al principio algunos sacerdotes amigos y simpatizantes con su obra le ayudaban pero después lo dejaban sólo. Por lo que se fue dando cuenta que sus mejores colaboradores deberían salir de entre los mismos muchachos que él atendía, educaba y formaba. Así lo había visto en el sueño, primero los animales feroces se convertían en corderos y después salían pastores del rebaño. |
|
|
Escrito por P. Jorge García
|
 San Juan Bosco batallaba mucho para conseguir colaboradores que le ayudaran en la atención de los muchachos pobres y abandonados que recogía por las calles de Turín. Al principio no tenía problemas porque eran pocos los muchachos, pero después de dos años ya eran algunos cientos que se reunían los fines de semana y se veía en grandes dificultades para atenderlos a todos en la catequesis, las confesiones, las clases de alfabetización, sus necesidades personales cuando querían ser escuchados. Escogió entre los mismos muchachos a algunos un poco más preparados, los cuales con gusto le ayudaban en algunas cosas más sencillas, como hacer lecturas en voz alta, ver por el orden en la capilla, enseñar a leer y escribir. Junto con ellos llegaron también algunos sacerdotes del clero diocesano que ofrecían su ministerio sacerdotal, y algunos hasta se comprometieron más a fondo haciéndose cargo de los otros Oratorios que Don Bosco había abierto, como el de San Luis Gonzaga y el del Ángel Custodio. Pero al final siempre había un mismo resultado. Lo abandonaban después de un tiempo. Eran ayudas provisionales. Una noche soñó algo parecido al sueño que había tenido a los 9 años: los mismos animalitos feroces, agresivos, que pelean entre sí. Una Señora hermosísima, vestida como pastorcita, se aparece y le hace notar a Juan cómo esos animalitos se van convirtiendo en ovejas y luego, lo inesperado: algunas ovejas se convierten en pastores.  Esa era la clave para poder tener colaboradores que no lo abandonaran en su tarea educativa. Sus colaboradores saldrían de sus mismos muchachos del Oratorio. Tenía que formárselos. Empezó a fijarse en algunos de los muchachos con más disposición de alma para ese apostolado. Se les acercaba y les ayudaba en sus necesidades más elementales, les inspiraba una piedad sencilla y profunda, les ponía en comunicación con muchachos de las mismas aspiraciones, les encaminaba al apostolado, les cultivaba el espíritu con la finalidad de que conocieran la vida religiosa y se enamoraran de ella. El grupito fue creciendo en número y en calidad. La noche del 9 de diciembre de 1859, antes de ir a dormir, los citó en su habitación para darles una sorpresa. Les invitaba a dar su nombre a una Congregación religiosa que quería fundar, encaminada a trabajar por la salvación de los muchachos pobres, abandonados y en peligro. Para ello tenían que comprometerse como todos los religiosos, con votos y con una disciplina religiosa comunitaria que les hiciera saborear el gozo de vivir intensamente y fraternamente su consagración a Dios y a la misión. Los que aceptaban esta invitación deberían presentarse a la siguiente reunión. Los demás no debían presentarse más. La fecha clave fue el 18 de diciembre siguiente, hace exactamente 150 años. Fueron 18 los que aceptaron la invitación, junto con Don Bosco y el padre Alassonatti, que ya estaba involucrado desde hacía 5 años. Además de ellos dos, estaban también un diácono llamado Ángel Savio, el subdiácono Miguel Rua y otros 14 jóvenes entre los 17 y los 21 años, la mayor parte de ellos clérigos que aspiraban al sacerdocio y algunos estudiantes. Esa noche quedó fundada la Congregación Salesiana y la mayoría de los integrantes eran jóvenes del Oratorio. De las mismas ovejas habían surgido los pastores. |
|
|